
Esta obra de grandes dimensiones es un boceto para el coro de la Basílica de San Francisco el Grande de Madrid. Se trata de una versión casi idéntica a la pintura mural, ya que su aprobación dependía del propio autor. Iconográficamente la escena estaba ya planificada por Carlos Luis de Ribera, quien se inspiró, como el mismo ya manifestó, en la Leyenda Dorada, para pintar el momento en que, conociéndose la noticia de la muerte de San Francisco de Asís, una muchedumbre se acercó para ver, velar y besar su cadáver.
